El IRPF o Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, como bien dice su nombre, grava la renta de las personas, es decir, los ingresos que hemos tenido en un año.
Aunque esta renta comprende también réditos por bienes muebles e inmuebles, grava sobre todo los rendimientos del trabajo, sea el salario, sea la pensión.
Se tributa según una escala, según la cual quienes tienen mayores ingresos deben aportar más. Para ello se establecen distintos tramos de ingresos, a cada uno de ellos le corresponde un porcentaje de gravamen concreto, cada vez más alto: al primer tramo un porcentaje, a partir de ese tramo, es decir, a cada euro que lo sobrepase un porcentaje más alto y así hasta llegar a tramo mayor.
Por otro lado, las retenciones del IRPF, por decirlo de alguna manera, son una especie de adelantos que le hacemos a Hacienda según percibimos nuestros ingresos que, posteriormente, deben cuadrarse cuando hacemos la declaración. Muchas veces nos han hecho más retenciones de las que nos corresponden y, cuando hacemos la declaración, Hacienda tiene que devolvernos cierta cantidad; otras veces, nos han retenido menos de lo que deberían, por eso, cuando hacemos la declaración, nos sale a pagar.
En nuestro artículo, entre otras cosas, tenéis actualizadas todas estas tablas: por una parte, los tramos y tipos a aplicar y, por otra, las retenciones que se nos harán cada mes.